Libros con gafas: Historias de la magia del caos

Libros con gafas: Historias de la magia del caos

Sin duda, este libro aborda un asunto difícil sin convertirlo en más niebla de la que se rodea. Y no era fácil. La magia del caos tiende a deshacerse en cuanto alguien intenta encerrarla en una definición demasiado pulcra. Por eso el libro acierta desde el enfoque. No pretende fijar una doctrina ni levantar un sistema cerrado, sino seguir el rastro de una corriente inestable, llena de contagios, genialidades, locuras, préstamos, disputas y metamorfosis en una forma distinta de vivir la espiritualidad que también es rebelde. Esa elección le da al ensayo su mejor virtud. En vez de reducir el tema, lo vuelve legible.

El subtítulo, con Alan Moore y Grant Morrison al frente, funciona como una puerta de entrada reconocible, pero el libro no se queda ahí. A partir de ellos, Alberto retrocede y ensancha el campo hasta dibujar una genealogía más amplia, en la que el ocultismo moderno, la literatura, la contracultura y ciertas formas contemporáneas de pensar el símbolo y la voluntad aparecen ligados por una misma corriente subterránea. Lo interesante es que ese recorrido no es meramente un desfile de nombres ilustres, sino una red viva de influencias, desvíos y contagios. El libro avanza por ahí con naturalidad, sin perderse en el detalle y sin caer en la simplificación.

Hay además una sobriedad muy de agradecer. El tema invitaba al exceso verbal, al gesto enfático, a la tentación de oscurecer la prosa para que pareciera más profunda. Aquí no pasa. La escritura mantiene el pulso y deja que las ideas respiren. Eso permite que materiales muy distintos convivan sin chirriar y que el lector no sienta en ningún momento que está atravesando una aduana de jerga o de erudición defensiva. Hay trabajo detrás, claro, pero no impone muros, los despeja. Se nota que el libro quiere abrir una puerta, no cerrarla con llave.

También está bien resuelta la relación entre pasado y presente. Alberto no trata la magia del caos como una reliquia extravagante ni como una simple curiosidad de época. La sigue en sus transformaciones y en sus reverberaciones posteriores, dejando ver hasta qué punto ciertas intuiciones de esta corriente han terminado infiltrándose en zonas muy diversas de la cultura contemporánea. Ahí el ensayo gana espesor, porque no se limita a contar de dónde viene todo esto, sino que muestra por qué sigue importando.

La edición de Diábolo acompaña con acierto. Es un volumen sobrio, bien presentado y con un formato que favorece la lectura. No hay ornamento innecesario ni una voluntad de disfrazar el contenido de objeto esotérico. El libro se sostiene por lo que cuenta y por cómo lo cuenta, que al final es lo que importa, acompañado de ilustración que apoya y refuerza el todo.

En conjunto, «Historias de la magia del caos» es un ensayo sólido, bien pensado y escrito con criterio. Tiene la rara capacidad de ordenar una materia escurridiza sin quitarle vida. Y deja, al cerrarlo, una impresión nítida: la de haber recorrido no una colección de rarezas, sino una historia viva, llena de ecos, fracturas y zonas de sombra. Ahí está su interés. Ahí está también su fuerza.

El busto de Lovecraft...

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