Una buena calavera

Una buena calavera

Ante esta imagen pensé: «Dios… Está perfecto». Skeletor tiene esa ventaja, que puede provocarme una revelación con bastante menos presupuesto que el que suele exigir la divinidad. Una capucha, unos ojos encendidos y el hueso ocupando el lugar donde esperaríamos encontrar una cara bastan para que empiece a preguntarme qué hay detrás.

Me interesa especialmente ese hueco que el personaje deja abierto. La calavera muestra demasiado y, al mismo tiempo, se lo reserva todo; podemos verle los dientes sin saber qué está pensando. Con los años he descubierto que una parte de mi entusiasmo por los monstruos vive ahí, en lo que todavía puedo imaginar cuando la imagen termina. Conviene dejarles alguna habitación cerrada. Ya me encargo yo de acercar la oreja.

El busto de Lovecraft...

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