El cielo está nublado

Los planetas se reúnen, se ordenan las expectativas y alguien anuncia una maravilla que podrá verse al levantar los ojos. Entonces aparecen las nubes. Tienen una eficacia admirable para estas cosas, una puntualidad que jamás muestran cuando se las necesita para apagar agosto. Bajo ellas queda uno, con su acontecimiento excepcional y esa cara de haber llegado al cine el día en que cambiaban la cartelera.
La conjunción era un evento inefable como el amor verdadero y, en esta ciudad maldita, el cielo estaba nublado. Todavía me hace gracia la desproporción, esa capacidad de meter a Saturno y Júpiter en un enfado personal. A veces basta una nube para que el universo entero parezca estar tomándonos el pelo.